HOMILÍA
Domingo 11
20/06/2026
“Cristo, se compadecia de las gentes, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor”.
Hoy en día, más que nunca, nos lo ha recordado el Papa Leon, muchos de nuestros contemporáneos, andan como ovejas sin pastor. Personas que no van a Misa el Domingo, padres que no bautizan a sus hijos, estructuras sociales, laborales y de amistad,en las que no está Dios.
Es como si el ser humano, en esta era de las NT, con tantos adelantos, médicos, científicos y sociales, se hubiera olvidado de quien es.
Hoy, quizá más que nunca, cobra un relieve singular, esa frase de GS en su número 22: “Cristo, descubre el rostro del hombre, al propio hombre”.
No estamos ante una época de cambios, sino ante un cambio de época. No hay crisis moral o existencial, sino una crisis antropológica, donde el hombre se concibe a sí mismo, como el centro, desplazando a Dios del eje existencial de su vida.
Vivir así, tan desorientados, puede conducir a un estado de frustración individual y colectiva, serios.
Por ello, Cristo sale al encuentro del hombre y de la mujer contemporáneos, para ayudarles a volverse a Él. Solo mirando a Dios, nacen los buenos deseos y los buenos sentimientos. Solo mirándole a Él, seremos capaces de construir una sociedad nueva, basada en el Amor.
No es ineficaz esta pretensión, por cuanto, la historia bimilenaria del ser humano, en este mundo, lo acredita; solo la persona que se sabe amada, es capaz de amar, solo la persona, que está acompañada, es capaz de acompañar.
Realicemos, por tanto, esa tarea con nuestros mayores, acompañándoles, no solo a bien morir, sino también a bien vivir; integrarles en la estructura familiar, contar con ellos, escucharles, sin signos del amor con quienes más nos han querido.
Actualicemos, como nos ha recordado el Santo Padre en su discurso en el Congreso, la fuerza de la vida humana. Una vida máximamente digna, desde el inicio hasta el final. No vulnera la vida, solo quien permite o realiza un aborto, la vulnera, quien no es capaz desde el amor al ser humano y a la verdad, acompañar a la mujer en esos difíciles momentos o a cualquier ser humano, cuando sufre.
Nunca la muerte es solución de nada, solo el acompañar, consolar y querer. No matamos al que sufre, sino que procuramos quitar el dolor del que sufre.
Hoy, en nuestro pueblo de NAVACERRADA, vamos a recorrer las calles, portando la custodia que contiene al Santísimo. Llegaremos a la Plaza, donde todos días nos encontramos, nos saludamos, tomamos algo. No es una casualidad que esto sea así, llevar al Señor por las calles, es más bien, la realización de un deseo De Dios con nosotros, que El, reine en nuestras almas, que lleve paz a nuestros corazones, que nos mantenga unidos en el Amor y que, cuando estemos inquietos o cansados, sepamos escuchar la voz De Dios que nos dice:
“Venid a mi, los que estáis cansados y agobiados y yo, os aliviaré”.
Feliz Domingo.
