Parroquia Natividad de Nuestra Señora — Navacerrada

Comunidad en la fe

HOMILÍA

Domingo 13

Hoy, el Señor en este Evangelio, nos dice: el que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mi. Que frase más cierta. No dice, tomar la cruz, de manera genérica, sino, su cruz. Se trata de algo que es personal e intransferible. Tu cruz, son esas personas o situaciones, que por algo, te afligen. No hace falta enumerar ahora, los motivos de aflicción en nuestras vidas. Basta con que tu, los sepas, porque también Dios los sabe.

Habla de dos acciones: tomar y seguir. Tomar, es coger con las manos, pero yo creo que también tiene el sentido interior, de acoger en el corazón. Aquí, hago un inciso. Como describe Aristóteles, el corazón humano, busca el placer. Lo normal en una vida, es sentirse atraído, por lo bello, lo bueno, lo verdadero. Y, alcanzar eso, bueno, bello y verdadero, reporta un inmenso placer.

No hablo por tanto, del placer desordenado, que se desvincula del Amor, sino del placer que deriva, de una amistad sana, de un trabajo bien hecho, de una entrega matrimonial verdadera o de un rato sereno de oración.

Y, la otra acción, seguir; implica caminar detrás de alguien. Seguimos a quien queremos. También podemos seguir, a un influencer que nos gusta, o a un deportista o a un cantante. Pero, sabemos, que el seguimiento que nos hace más falta, es el del Amor, a Dios y a los demás.

Recuerdo a esa madre, que llevada del amor a su hijo, le siguió durante un fin de semana, hasta que dio con el, deshecho, arrebatado por las drogas. Gracias a ese seguimiento, ella y su marido, le ayudaron a salir de esa prisión.

¿Te das cuenta, cuanto te quiere Dios, que, sin imponerse, te busca, para encontrarte y que tu, le busques, le ames y le sigas.

Homilia 2.

El Papa, en su primera encíclica sobre Doctrina Social e IA, pone el acento en la centralidad de la persona. Y, en su inigualable dignidad. Una dignidad, que no nace del esfuerzo, del trabajo o de la sangre, sino de ser hijos De Dios.

Pertenecemos a una familia noble, no por títulos, sino porque compartimos la genética De Dios. Somos familia suya y por ello, al ser sus hijos, tenemos su misma dignidad.

Este Evangelio, pone la atención en la libertad que se requiere para seguir a Cristo y caminar con El. El que quiere a su padre o a su madre más que a mi, no es digno de mi. No nos pide el Señor que no queramos a nuestros padres o a nuestros hijos, sino que queriendo a Dios y no dejando de quererles a ellos, vivamos ese orden en el Amor.

Es lo mismo que decir: El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mi. Solemos pensar que nuestra cruz es la más pesada y que los demás, no tienen cruz y no caemos en la cuenta, de modo diferente a la la salvación, que es universal, la cruz es individual. Cada uno, tiene la suya.

Y lo importante es, que esa cruz, la que sea, te levante, te oriente y no te hunda. Para lo cual, necesitas el Amor De Dios.

Hoy en día, hablar de cruz es una contradicción. Nadie la quiere. Es enemiga del placer y hay que evitarla. Sin darnos cuenta que, al placer buscado en sí mismo, le sigue el dolor. Para que el placer satisfaga, debe ir precedido, de un sacrificio o de una entrega. La conyugal, es un ejemplo, el deber cumplido por el trabajo bien hecho, el placer de estar juntos, con los amigos.

Es esa dimensión De la Cruz, que poca gente conoce. La que me lleva a la vida eterna y me da La Paz y la felicidad.

Así, se entiende la lógica del Amor a Dios y a los demás,según la cual, perder la vida, es encontrarla, porque no nos la apropiamos y encontrarla o apropiarla es perderla. Pienso en esas veces que hemos querido asegurarlo todo, y de repente, surge algo que da al traste con todo. Que diferente a esos momentos, en los que hemos confiado en Dios, nos hemos abandonado en El y todo, ha salido bien.

Hemos tenido experiencia de esto, con la visita del Papa: en solo tres meses, la Diócesis de Madrid, formada por rostros concretos, ha sabido prepararlo todo: lugares, espacios, contenidos, plataforma internet, seguridad, voluntarios, para que todo saliera a pedir de boca, como así ha sido.

Muchas personas, habéis perdido la vida y el tiempo, para que todo saliera bien.

Que Dios os bendiga, sabiendo que confiar en El, es ganar y desconfiar, es perder.